Madres de los hombres (*)

children of men

De los debates de estos días he llegado a un par de conclusiones que me gustaría discutir hoy. El feminismo de la igualdad comete dos errores de bulto, o al menos esa es la sensación que da cada vez que se debate sobre nuestro tema estrella, la maternidad. El primero es que el feminismo de la igualdad piensa que el patriarcado va de ir en contra de las mujeres por el hecho de serlo, sin mayor motivo que ése, porque sí, por ser mujeres. El segundo es que las feministas de la igualdad piensan que el patriarcado quiere que seamos madres. Ninguna de las dos cosas es cierta. O al menos yo no lo veo así.

Hay que empezar por aclarar términos. Y para eso vamos a empezar por el principio. Dios no creó al hombre del barro, como poco empezó por inventar la reproducción sexual.

Un poquito de biología

 

La paternidad no es un asunto sencillo. Cualquier hembra de cualquier especie “sabe” cuando se reproduce, o tiene cierta consciencia de que por ejemplo ha puesto un huevo. Al menos es la hembra la que vive la experiencia de poner el huevo. Al fin y al cabo poner un huevo no es una cosa que ocurra todos los días. Hay que fabricar el huevo y empujar el huevo hacia el exterior, con más o menos esfuerzo y gasto de energía. En la naturaleza lo de los gastos de energía es bastante importante. Y después a veces hay que incubarlo, o incluso criarlo. Así que es sencillo, si has puesto un huevo ese huevo es “tuyo”, es tu inversión energética, más te vale protegerla. Es fácil. Asegurarte de eso mismo cuando no eres el que pone el huevo es mucho más complicado, en ocasiones imposible. Y por supuesto también requiere energía. O cierto tipo de renuncia.

En general, los animales gregarios como los primates y muchos otros mamíferos, se juntan en grupos que aumentan la posibilidad de sobrevivir de las crías. El objetivo del grupo es proteger a los individuos pero sobre todo mejorar la tasa de supervivencia de la especie, aunque a veces esto trae aparejado que el macho no está del todo seguro de que esté trabajando para sus propios descendientes, sino para los descendientes comunes, de todo el grupo.

Los animales gregarios adoptan diferentes comportamientos en cuanto a la organización relacionados con la reproducción. En algunas especies sólo los individuos alfa (machos o hembras) se reproducen o en el caso de los machos tienen ciertos privilegios sobre las relaciones sexuales con las hembras – lo que no garantiza la reproducción pero aumenta la probabilidad. En otros los ritos de cortejo son comunes. Cada especie se organiza de una forma. Y los seres humanos no nos libramos de esto.

El ser humano es un animal gregario. Pero además el ser humano es una especie altricial, las crías humanas nacen muy pequeñas y dependientes. La bipedestración, que obliga al canal de parto a estrecharse para que no se nos caigan las tripas, obliga también a nuestros bebés a nacer muy poco desarrollados. Esto nos permite ser quienes somos, porque así nuestro neocórtex se desarrolla casi íntegramente extraútero donde hay muchos más estímulos, pero tiene el coste de crianzas muy largas y que requieren mucho gasto energético. Las madres humanas necesitan al grupo mientras están criando, los individuos se necesitan entre sí para sobrevivir y el grupo necesita a las madres para perpetuarse.

Cada vez que alguna feminista de la igualdad dice que el patriarcado nos quiere madres o que la maternidad nunca ha estado amenazada se pierde un poco de posibilidad de ser un día iguales. La gente confunde el culo con las témporas, el patriarcado con el machismo y la maternidad con esta cosa chunga que tenemos ahora.

Asociar el coito a la progenie no es un razonamiento fácil. Un día, en algún punto indeterminado en la línea evolutiva que media entre aquellos primeros primates medio bípedos y el ser humano de hoy, puede que no más que un mono un poco más espabilado que sus primos se percató del papel del macho en la reproducción de la especie, de su especie, la que fuera, y a partir de ahí probablemente nada fuera igual. No sabemos cuándo ni cómo fue, pero sí que sucedió en algún momento que los machos empezaron a mirarse entre sí con malos ojillos.

Salud, dinero y amor

También en algún momento, tal vez mucho tiempo después, el ser humano abandonó lo que se conoce como economías de subsistencia y se inventó la agricultura y la ganadería, que le permitían acumular alimentos. La organización humana cambió: las relaciones sexuales y afectivas en los grupos animales siempre están relacionadas con las relaciones “económicas” – la relación con el medio y la forma de obtener los alimentos – y en nuestro caso pasaron a estar totalmente dominadas por estas últimas.

El patriarcado no es una forma de organización social en la que el hombre está por encima de la mujer y ya. Eso no tendría sentido. Está en su propia definición: el patriarcado es un sistema de organización social en el que la filiación de la descendencia se realiza por línea masculina, todo un logro para los machos de una especie mamífera, que sólo pueden asegurarse la descendencia compitiendo a veces a muerte con otros machos, portándose muy muy requetebién con la hembra y sus parientes o que simplemente han de resignarse a no reproducirse. Ser un macho alfa suele ser agotador y si por las buenas no se puede pues hay que usar la violencia. Secuestrar a la chica, u obligarla a casarse, convertirla en económicamente dependiente, aislarla, inventarse un cuento sobre príncipes azules… Lo que sea. La cosa es que se quede y que no se vaya con ningún otro. El patriarcado va de asegurarse la descendencia controlando la reproducción de la hembra a través de las relaciones económicas.

Es posible que este tipo de acuerdos funcionaran bien bien a nivel local o individual. Yo me quedo contigo y tú me alimentas y me aseguras la supervivencia de las crías ha sido la base del matrimonio y de la pareja monógama hasta hace bien pocos años. La fuerza económica frente a la fuerza reproductiva. Yo proveo, tú esparces mis genes. 

Pero la cosa no acaba ahí, en controlar la reproducción de la hembra. El patriarcado va de cargarse a la madre y sustituirla por el patriarca. Porque el patriarcado va también de propiedad. Y la propiedad nunca se restringe a lo local.

El patriarcado, unido a sistemas económicos de acumulación de propiedades, es un sistema de organización social en el que la filiación de la descendencia se realiza por línea masculina para asegurar que los derechos de propiedad son heredades por la descendencia de un macho en concreto. En el patriarcado la propiedad es del patriarca y los hijos también porque son fuerza de trabajo que sirve para asegurar el patrimonioPatriarcado, patrimonio, patria potestad, la madre no entra en la ecuación más que como productora de criaturas. El patriarcado, matricida, no nos quiere madres. O en principio le da igual, mientras sigamos echando trabajadores al mundo.

Así, de un sistema gregario en el que las relaciones sexuales, afectivas y económicas estaban supeditadas a la interdependencia o a la necesidad de pertenencia a un grupo se pasó a una organización social basada las relaciones económicas y caracterizada por ser una estructura claramente jerárquica donde el que tiene la propiedad es el que posee el poder de gestionar la supervivencia y por tanto es el que se reproduce pero debe reproducirse para mantener el poder y la propiedad.  Toda la organización humana es un estúpido círculo vicioso.

Confundir la reproducción con la producción de crías es un error de principiante, o de propietario de granjas horribles de pollos para consumo humano. Para las especies mamíferas la reproducción no acaba tras el parto, igual que ningún pingüino sobreviviría en la naturaleza si no incubaran sus huevos y ningún ganso sobreviviría si cuando el huevo eclosiona no hubiera un ganso adulto cerca. La supervivencia de las especies tiene un precio porque vivir nunca es gratis y cada especie paga el suyo por la vida de su progenie. El trato suele ser pagar o extinguirse, ser mamífero es una ventaja porque es una ventaja llevar la comida de las crías puesta y gratis, pero ser madre requiere energía.

Evolucionar es difícil, básicamente consiste en tener mucha, muchísima potra,  y por tanto ir en contra de la naturaleza suele acabar en tragedia, o en bichos horrorosos como los chihuahuas. En ese precio a pagar para evitar la extinción se incluyen comportamientos neuroendocrinos altamente conservados, que sirven para proteger a la progenie. Recordemos que los pollos para consumo humano no han de tener una salud de hierro ni comportarse como pollos, basta con que se dejen comer. Pensar que esos pollos tienen madre es de idiotas y asegurar que esas gallinas se están reproduciendo es no haber entendido nada. La maternidad es mucho más que poner huevos para consumo humano, mucho más que parir una cría tras otra, mucho más que ceder los derechos de tu descendencia al patriarca de turno.

No, el patriarcado no va de ir contra las mujeres, el patriarcado no es exactamente machismo y el patriarcado puede a veces parecer muy igualitario.

Sí, yo hablo de instinto

He asistido este fin de semana a un curso de Nils Bergman, neurólogo que centra sus investigaciones y todo su trabajo en el estudio de la neurología perinatal y casi tengo un orgasmo cuando el Dr. Bergman recordó un estudio en el que se demuestra como la oxitocina, una hormona fundamental no sólo para los mamíferos sino para todas las especies animales cuyo gen ancestral tiene más de 500 millones de años de antigüedad y que se produce esencialmente durante el parto y la lactancia desactiva los mecanismos del miedo que conducen a la parálisis. Es decir, la oxitocina no hace que no tengas miedo, pero hace que el miedo no te paralice, permitiéndote actuar cuando en otras condiciones (sin oxitocina) no serías capaz de hacerlo. **

Ferocidad, dijo Bergmann, la oxitocina aumenta la ferocidad de las madres. Proteger a la progenie es uno de esos comportamientos neuroendocrinos altamente conservados, es una de las razones de ser de la reproducción sexual, es un comportamiento que se aprecia ya en aves y es característico de las hembras mamíferas. 500 millones de años son muchos más años de los que tiene el feminismo de la igualdad, incluso más que el patriarcado. Hay que cargarse todos estos comportamientos neuroendocrinos altamente conservados y cargárselos a conciencia para que una hembra y además mamífera ceda la filiación de sus crías al patriarca de turno, al Estado, al ejército, a la iglesia, al gurú, al terrorista, al político o los mercados.

Cada vez que una feminista de la igualdad dice que el patriarcado nos quiere madres y a continuación propone guarderías a partir de los cero meses de vida me aumenta a mí la ferocidad, debo de tener la oxitocina alta.

Imagino un mundo de madres feroces, que se revuelven igual de bien cuando el neonatólogo de guardia se quiere llevar a su cachorro, un minutito para pesarle, que cuando el político moderno les propone escolarizar a sus hijos a las 0 semanas – o a las 16 – y me parto de risa pensando que hay quien cree que la maternidad no está amenazada.

La maternidad está constantemente amenazada.  Amenazarla es la única forma de asegurarnos el status quo.  No hay ninguna cultura patriarcal que no interfiera en la sexualidad femenina. Ninguna en la que las madres sean autosuficientes. No hay ninguna cultura patriarcal que no interfiera en los partos, ninguna que no invada el momento tras el nacimiento, ninguna que no tenga mitos alrededor de la lactancia, no existe ninguna sociedad que no rompa en algún momento el fluyo de oxitocina entre madres e hijos. La violencia obstétrica es una plaga, pero la cosa no acaba ahí. No lo cojas que se acostumbra, déjalo llorar, vuelve a tu vida, atiende a tu pareja, escolarízalo para que socialice, tu leche no alimenta, no duermas con él, libérate de alimentarlo, trabaja, trabaja, produce, produce.

El patriarcado, indisoluble de los sistemas económicos de acumulación de propiedades que a estas alturas son además globalizados, no nos quiere madres, nos quiere como a las gallinas que ponen los huevos en las granjas de pollos. Nos quiere productoras, no reproductoras. Porque la reproducción trae consigo ferocidad. Porque así son las madres de los hombres. Fieras. Y a  las fieras no les puedes arrebatar a sus crías, ni para aumentar el patrimonio, ni para la escuela, ni para la guerra, ni para el consumo humano.

Ser madre no es más que eso: proteger a tu progenie. Y si es necesario convertirte en fiera.

En un mundo violento las madres de los hombres son muy peligrosas, por eso no interesan. 

Ninguna fiera va a consentir que el alimento de sus crías dependa de un acuerdo violento y ninguna va a consentir tener que dejarlas en manos de otros para que no mueran de hambre. No, si pueden evitarlo. Y desde luego ninguna fiera va a ceder a sus crías al Estado. No si hay otras opciones. Y a mí se me ocurren varias.

Miro a las madres y veo fiereza a pesar de todas las interferencias y me pregunto cómo sería un mundo de maternidades totalmente libres, salvajes. 

Mientras tanto queda claro que el patriarcado es suicida, todos los círculos viciosos lo son.

 

 

 

* Para hablar sobre maternidades amenazadas, y porque el título del post y la foto de cabecera son de ahí, os invito hoy a ver Children of Men. Impresionante, profunda, filosófica, enormemente simbólica y que habla de esto mismo, pero mucho mejor que yo. Está dirigida por un tío, para que no digáis. Y luego me contáis.

** el estudio se publicó en Science
Science. 2011 Jul 1;333(6038):104-7. doi: 10.1126/science.1201043.
Oxytocin selectively gates fear responses through distinct outputs from the central amygdala.
Viviani D1, Charlet A, van den Burg E, Robinet C, Hurni N, Abatis M, Magara F, Stoop R.

 

 

 

 

 

  4 comments for “Madres de los hombres (*)

  1. Sandra
    marzo 18 at 4:20 pm

    Hola Irene, me he enocionado con tu post. Me siento totalmente identificada con la oxitocina, la debo tener altísima también porque ando como las fieras por las redes protestando por las nuevas propuestas “feministas” de algunos partidos. Yo que ando con mi cachorro de 7 meses enganchada todo el día a mi teta, después de jurarme a mi misma que no volvería a dejar a otro bebé sin su madre antes de cumplir el año. La primera la tuve que dejar con 4 meses y el segundo con 6 meses y en los dos casos sufrimis tanto los niños como yo un gran dolor. Si la explicación es la oxitocina pues estupendo, bienvenida, no lo sabía pero algo en mi me decía que esto que nos están imponiendo hacer no es normal. Salud y enhorabuena por tus post, son una revelación para mi.

  2. Nuria Belloso Cedenilla
    marzo 18 at 11:46 pm

    Ferocidad… Al fin entiendo que mis puerperios sean tan agitados, que ande dando órdenes a toda la familia y que no haya quien me aguante… Aunque reconozco que me encanta sentirme tan loba, tan irracional cuando se trata de mi cría de 4 meses, tan fuera de lo social y políticamente correcto.
    Y, claro, lo que nos esclaviza no es la maternidad sino tener que vivirlas solas y contracorriente, sin apoyo alguno.
    Gracias por decirlo tan claro y tan alto.

  3. junio 7 at 9:31 pm

    Por eso se me rompió el alma cuando tuve que volver a salir una semana de viaje cuando mi hijo pequeño sólo tenía tres meses. Hace diez años de aquello y todavía lloro recordándolo.

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