Negar la violencia obstétrica

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El sabio señala la luna y el idiota mira al dedo. La discusión de esta mañana en el muro de una afamada feminista acaba por darme la clave de todo este embrollo: uno, que los que se han tragado que existe un colectivo de brujas que en pleno siglo XXI pretende hacerse con la mente y el cuerpo de las parturientas a golpe de placenta en su jugo lo hacen porque son idiotas y porque quieren creérselo y dos, que el objetivo del informe es conseguir que el idiota mire al dedo. Y ahí está la cosa. Que el sabio señala la luna y el idiota mira al dedo. Y en este caso la luna es la denuncia de las usuarias de la violencia obstétrica que se sufre cada año en los paritorios españoles. Invento de doulas satánicas, dice el informe. Y hay muchos idiotas, por lo que se ve.

Cuando un médico usa protocolos desactualizados y obsoletos y contrarios a la evidencia científica eso es mala praxis. Cuando la mala praxis se extiende a la mayor parte de los hospitales de un país eso es un problema. Uno grave, además. Negar las experiencias de miles de mujeres que cada año salen rotas de los paritorios españoles va más allá de pasarse las recomendaciones de la OMS por el forro, como se viene haciendo en España desde el año 85, año en el que se redactó la Declaración de Fortaleza. Negar las experiencias de todas esas mujeres que salen rotas de los paritorios españoles va mucho más allá de pasarse la evidencia científica por el forro y hacer lo que nos da la gana con los genitales de las parturientas. Negar esas experiencias es insultante y vejatorio. Machista. Y repugnante. Y por ahí no podemos dejar que pasen.

Si la Organización Mundial de la Salud dice que la mitad de las cesáreas que se producen en España se hacen innecesariamente, si la Organización Mundial de la Salud dice que las episiotomías que se hacen por rutina son violencia y si la Organización Mundial de la Salud asegura que el maltrato en los paritorios es un hecho entonces el Informe Doula y el comportamiento del Consejo General de Enfermería es una agresión directa hacia todas las víctimas de violencia obstétrica. Otra más.

La conclusión que se extrae de todo este embrollo es que ya es hora de ponerse serio. Si la violencia obstétrica es un hecho entonces tiene responsables. Y los responsables deben responder de sus actos. Y nosotras debemos empezar a exigir responsabilidades de todos los actores implicados.

1. Se necesita ya una ley de violencia obstétrica que nos proteja de mala praxis durante embarazo, parto y lactancia, ya que la mala praxis aparentemente está institucionalizada y/o es invisible. Las leyes contra la violencia obstétrica existen en otros países en las que estas prácticas son consideradas delitos y las mujeres tienen por tanto recursos legales que, si bien no las protegen del hecho a priori si lo hacen en forma de resarcimiento posterior.
2. El personal sanitario, al menos en el ámbito público, debe ser sometido a evaluaciones periódicas que certifiquen que están al día en la evidencia científica. No es admisible que en un país supuestamente moderno el personal médico se rija por prácticas desactualizadas y/o totalmente desaconsejadas por los estudios actuales. Hay que recordar que la Declaración de Fortaleza de la OMS es del año 1985. Treinta años es tiempo más que suficiente como para que el personal se haya reciclado tres o cuatro veces. La práctica médica no puede regirse por opiniones, tradiciones y el típico “cada maestrillo tiene su librillo”, al menos si está pagada con los impuestos de todos. 


3. La Estrategia de Atención al Parto se tiene que aplicar ya en TODOS los centros. Los hospitales, ni públicos ni privados, no pueden seguir aplicando sus propios protocolos, muchas veces contrarios a las recomendaciones de la OMS o de la propia SEGO. Los consensos científicos se realizan por algo. Cuando un metaanálisis demuestra un hecho la nueva evidencia debe ser incorporada inmediatamente a los protocolos. La dilación en la actualización es negligente y así debe ser considerada. Han pasado ocho años. Ya es tiempo más que suficiente. 


4. Los poderes públicos tienen que actuar de oficio para que las mujeres seamos tratadas con respeto. No somos ciudadanas de segunda. 


Los medios de comunicación y todas aquellas personas que de forma particular se han hecho eco de este despropósito deberían hacérselo mirar. Es un enorme sesgo de confirmación el que hace que alguien piense que es creíble que en pleno siglo XXI existe un grupo de brujas cuyo objetivo es hacerse con el control de la mente y el cuerpo de las parturientas. 

Creo que ya es hora de dejar de señalar la luna y empezar a señalar a los responsables. Pero sobre todo no podemos permitir que nos insulten.

 

Nuestro cuerpo no es vuestro campo de batalla.

 

 

 

 

 

 

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