Bienvenidas a la Nueva Normalidad

Bienvenidas a la Nueva Normalidad, que entre nosotras, se parece mucho a la antigua normalidad pero en bastante peor en todos los aspectos. 

Aunque Madrid sigue en fase 1 (y lo que te rondaré morena, bueno, no, que hay que abrir ya los centros comerciales) se van ya perfilando los usos y costumbres que nos esperan a partir de que se levanten las medidas de confinamiento. A saber, mucho guiri borracho y probablemente lleno de miasmas haciendo balconing, que hay que reactivar la economía, pero niños separados dos metros en recreos de 10 minutos organizados por turnos, que el virus sigue ahí. Todo guay. Circulen. 

Decía Simon de Beauvoir que los derechos que las mujeres hemos ido consiguiendo, sobre todo a lo largo del último siglo, nunca están garantizados, y que hay que estar siempre vigilantes, estilo Fernando Simón, incluyendo presidentes de comunidad autónoma incordios que no dejan de dar por saco. Y no nos la queríamos creer.

El sistema siempre responde más o menos violentamente a los logros que la lucha feminista ha ido consiguiendo. Es su esencia. Reorganizarse para que todo siga igual. O peor. Lo hemos visto estos años, cuando aquel “moderado” Gallardón quiso reformar la ley del aborto o con la aparición del SAP y lo vamos a seguir viendo. Una crisis es, además, la mejor excusa para cercenar libertades de forma más o menos explícita. Adivina quién va a salir perdiendo. Más.  Y en las cosas más peregrinas. 

Como muestra un botón. Andaba el otro día bicheando por ahí cuando me topé con una web de unos sexólogos que explicaban amablemente como tendría que ser el sexo en los próximos meses. A saber: sin mirarse a la cara, sin tocarse mucho y por supuesto nada de besuquearse. O sea, hazte a la idea. El tipo llega, te la enchufa por detrás y se va. El paraíso para los pornófilos. Y a eso algunos sexólogos lo llaman sexo. 

Que digo yo que el consejo podía haber sido que nos tomemos un tiempo para conocer a la otra persona, comprobar que es un ser humano responsable que lleva mascarilla cuando se mete en el metro y que no interpreta lo de que se puede quedar con 10 personas como que se puede quedar con 10 personas hoy por la mañana, otras 10 personas esta tarde y otras 10 mañana y así hasta llegar a medio millar en quince días. Y que te va a avisar inmediatamente si le da tos, en lugar de hacerte el típico ghosting. Pero no. Hay que seguir con lo de antes, pero todavía más cutre. El paraíso para los usuarios del Tinder (masculino no genérico).

Pretendemos volver a una sociedad de aglomeraciones, contactos superficiales, rápidos, inconexos, sin besos, sin abrazos, y hasta sin miradas. Sin oxitocina. O sea, sin todo lo que nos hace humanos. Podemos ir amontonados en el metro, pero nada de intimar, que es peligroso. 

Y eso sin hablar del impacto directo que el COVID-19 (me niego a llamarlo en femenino, para más gloria de la RAE, que vengan y me multen). De eso hablamos otro día, que también tengo datos. 

¿Y vamos a ir a ciegas a esta nueva normalidad sin oponer resistencia?

Chicas, la respuesta es NO. 

Mañana más. 

 

Foto de Manolo Franco

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