De eso no se habla.

¿Por qué nos cuesta tanto hablar con nuestros hijos de ciertos temas?

¿Por qué los dejamos ver escenas violentas y nos violenta tanto que vean escenas con contenido sexual?

Como decía John Lennon, más o menos, vivimos en una sociedad capaz de retransmitir la guerra en streaming pero que se esconde para darse un beso. Lo hacemos con los adultos y lo permitimos con los niños.

No es necesario ponerse en plan conspiranoico para ver que hay cosas que en nuestra civilización que funcionan más bien al revés de lo que deberían. La estructura de nuestra sociedad hace que el sistema se retroalimente constantemente, la misoginia es generalizada y la represión sexual y el culto a la violencia son parte de nuestra escala de valores. Somos lo que somos porque la cultura en la que vivimos nos construye así, lo ha hecho durante miles de años y sigue rodando gracias a la inercia, pero también gracias a los que responden más o menos consciente y virulentamente ante los intentos de cambiar algo, esos que mantienen el orden de las cosas; los periódicos, la tele, tu cuñado, mi vecina, a veces hasta yo misma.

Salirse de lo que las normas morales te muestran como correcto es complicado pero a veces se vuelve imprescindible cuando tienes hijos. Principalmente porque ellos necesitan que los protejamos. Y en muchas ocasiones no lo estamos haciendo.

Hace unos días un articulo en ABC tergiversaba una iniciativa navarra para intentar llevar la educación afectivo-sexual a las escuelas. Mucha gente se escandalizó ante el concepto “juegos eróticos” asociado a la infancia. “Los colegios enseñarán a los niños navarros juegos eróticos en la guardería” – o algo así de cutre decía el titular. Obsceno. Perverso. Repugnante uso político de un tema tan importante.

El artículo, una vez leído el dossier del programa, no era más que una manipulación perversa. Una manipulación perversa que intenta que nos olvidemos y nos avergoncemos de que los niños y las niñas se autoexploran y sienten curiosidad por los demás: ¿quién no ha jugado nunca a los médicos? Una manipulación perversa que olvida que los niños y las niñas sufren abusos sexuales mucho más frecuentemente de lo que deberían. Casi siempre perpetrados por hombres de su entorno. Una manipulación perversa que consigue que gente de bien contribuya a mantener en la oscuridad el peor de los delitos.

El sexo en general sigue siendo tabú. Y se nota cada vez que algún niño pregunta de dónde vienen los niños. O le pillamos con la mano por dentro del pañal. El sexo sigue dando vergüenza. ¿Y cómo hablar de algo que nos da vergüenza?

Convertir el sexo en tabú es la mejor manera de dejar a niñas y niños indefensos ante los abusos. Habla con tus hijos, de sexo, de violencia, de porno…de todo. Habla desde lo que eres, con miedo, con vergüenza, con nervios…como puedas, pero habla. Porque sí, aunque te dé la mayor de las vergüenzas tus hijos y tus hijas son seres sexuales y afectivos y en algún momento van a hacer todas esas cosas que te producen sonrojo y miedo. Habla con tus hijos. De todo. Ellas y ellos se lo merecen. Por un futuro en paz.

 

El próximo martes repetimos el webinar “Tu hijo va a ver porno”. Si te interesa solo tienes que registrarte aquí.

Grande como siempre, Quino.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: