Desear, consentir y otras trampas del lenguaje

Pues nada, que me he tenido que ir a la RAE, con todo el dolor de mi corazón. Yo no soy jurista, ni lingüista, pero desde siempre me ha chirriado el concepto de “sexo consentido” y consentimiento que se usa en las sentencias contra violadores y en los medios de comunicación, me parece que muchas veces, de forma bastante tendenciosa. 

Lo primero, el sexo tiene que ser siempre consentido, si no es consentido es una violación. Sin matices. Forzar a alguien que no quiere tener sexo a tener sexo es violar. Con todas las letras. Aprovecharse de alguien que no puede dar su consentimiento, porque está borracha, drogada, es menor, tiene una discapacidad o está en una situación de vulnerabilidad, es violar. Sin ninguna duda. Y, y aquí está el meollo de la cuestión, utilizar tejemanejes, amenazas, coacciones, chantajitos varios, cuentos chinos, mentiras, manipulaciones, violencia simbólica, sutil, estructural, indirecta o explícita para que alguien que de otra forma no tendría sexo acepte tener sexo es violar. Así de claro. 

Parece mentira que a estas alturas de la película y con las mujeres hablando en masa de los succionadores de clítoris, todavía haya peña que no se haya enterado de que las mujeres tenemos deseos y voluntad. Las mujeres no solo consentimos tener sexo, a las mujeres nos gusta el sexo, – a veces -, nos gusta follar, – contigo no, bicho – y si la suerte está de tu lado no necesitas ninguna argucia – y si necesitas alguna argucia estás siendo abusivo. 

Las mujeres, como seres humanos, somos sujetos deseantes, tenemos anhelos, nos gustan unas cosas y otras no y en el sexo no existimos solo para que un tío se haga una paja con nuestras vaginas el sábado después del partido. No somos ese oscuro objeto de deseo. No somos cosas. Somos sujetos activos de nuestra vida, también en la cama. 

La diferencia entre desear y consentir algo es evidente, y no tendría que hacer falta ninguna definición de la RAE. El deseo es una expresión de tu voluntad. El consentimiento es la aceptación de la voluntad de otro.

El sexo, para ser sexo, no solo tiene que ser consentido, tiene que desearse. Todo lo demás, llámalo como quieras, pero no lo llames follar. 

 

 

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