Goodbye, putero

El 23 de septiembre se celebra el Día Mundial Contra la Explotación Sexual y la Trata de Personas, lo que significa, en resumen, que aún quedan muchos puteros entre nosotros. Según las Naciones Unidas, en concreto en España, el 40% de los hombres reconocen haber accedido al cuerpo de una mujer prostituida alguna vez. El 40% lo reconocen. Afortunadamente el consumo de cuerpos de mujeres no está del todo legitimado moralmente en España, o sea, que irse de putas no está del todo bien visto, así que el dato se nos queda seguramente bastante corto.

España es el primer país de la Unión Europea en consumo de mujeres en estado de prostitución, el tercero en todo el mundo. Las cifras sobre la cantidad de millones de euros que la trata y la prostitución mueven en nuestro país son opacas y dependen del medio al que consultes. Pero sin duda son ingentes. Los organismos expertos en el tema aseguran que el 80% de la trata de personas se realiza con fines de explotación sexual y entre ellas, el 90% son mujeres y niñas, por supuesto de países muy pobres.

Con la trata nos pasa un poco como con las violaciones: el imaginario colectivo visualiza al violador como un enfermo que, armado con una navaja estilo yonki de los 80, se esconde detrás de un arbusto o te asalta en plena noche agazapado en el rellano de tu casa. La realidad es que la mayoría de las violaciones son perpetradas por conocidos. Con la trata de mujeres sucede algo similar: la sociedad, incluso las mujeres víctimas de trata, imaginan que para ser traficada has de ser secuestrada. La realidad es que la ONU reconoce como delito de tráfico de personas todas aquellas situaciones en las que el consentimiento de la víctima esté viciado, mediante coacciones, amenazas, engaños, manipulaciones, o sencillamente explotando la situación de vulnerabilidad que las mujeres padecemos en todo el mundo. Abusadas desde pequeñas, pobres, víctimas de catástrofes naturales, engañadas, a veces incluso intercambiadas por sus familias…aunque las cifras de mujeres víctimas de tráfico sexual también varían según a quién preguntes, la realidad es que casi todo es trata, casi todo es proxenetismo y casi todo es violencia sexual. Que parezca que eliges no es siempre que de verdad elijas en un mundo en el que la libertad es un mito.

Y antes de seguir un disclaimer para los adalides de la libertad. Seamos serios. La oferta de mujeres que se prostituyen libremente no alcanza para cubrir la demanda. Lo sentimos, chavales, sois demasiados y la mayoría de las mujeres, por muy liberadas que estemos, no queremos tener sexo con tipos que no nos gustan, en el mejor de los casos, o tipos que nos dan asco en el peor. Sorpresa, las mujeres también tenemos deseos, preferencias y somos sujetos sexuales. Seguro que alguna hay, claro, pero no son tantas. Dejando a un lado que el abolicionismo seguramente tenga muchos fallos de implementación que haya que seguir puliendo (como parche para empezar no está mal) y que el término regulacionismo no sea más que un eufemismo que implica legalizar y legitimar el mercadeo con fines sexuales o reproductivos de nuestros cuerpos, también por terceros, o sea, chulos de toda la vida, la solución a la prostitución y a la trata es que se acabe con la demanda. Sin puteros no hay putas. Sin demanda no hay trata.

Y para acabar con la demanda solo hay dos caminos. A corto plazo, el miedo y a largo la vergüenza. O mejor, la concienciación.

Necesitamos que nuestros chicos consideren que utilizar los cuerpos de las mujeres para satisfacer sus deseos es repugnante, es violento y los convierte en subhumanos. Y para eso, necesitamos educar a nuestros hijos en el feminismo.

Podemos empezar hablándoles de porno, porque nuestros hijos van a ver porno y el porno no es más que prostitución filmada y erotización de la violencia contra las mujeres. Si otro día me visita la musa tal vez escriba sobre esto, mientras tanto, este martes te lo cuento en el webinar “Tu hijo va a ver porno”. Te puedes apuntar aquí.

Así que eso, goodbye, putero.

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