La justicia no es ciega, es machista

La sentencia contra los miembros de la “manada de Manresa” nos vuelve a poner de frente a lo más crudo del machismo que permea todas las estructuras y todas las capas de nuestra sociedad. Y es que el tras las absoluciones de los perpetradores de una violación múltiple del delito de agresión sexual se esconde no solo la interpretación de los jueces de la ley y ni siquiera la defectuosa ley en sí misma, sino más bien el sistema de creencias que conduce a esa ley y a esa interpretación de la ley. 

Hasta hace bien poco las violaciones no se consideraban delitos sexuales sino más bien delitos contra el honor, en muchos países esto sigue siendo así, llegando incluso al punto de considerarse delitos de honor contra el hombre más cercano a la víctima, que en algunos casos incluso puede ser considerada artífice del delito. Sí, te violan y tú eres culpable de la pérdida de dignidad que sufre tu pobre marido. 

Afortunadamente en España ya no nos lapidan cuando nos violan por haber disgustado al macho de turno con nuestro comportamiento díscolo, pero aún así todavía tenemos motivos para preocuparnos.

Porque el problema no es tanto que no se considere que una menor en estado de embriaguez rodeada de siete maromos esté siendo intimidada o violentada. El problema es que no se considera que una violación en determinadas circunstancias sea una agresión. O sea, si te violan flojo o no te enteras mucho, eres menor o discapacitada pues no es para tanto, chica, haber elegido muerte, literalmente. 

Y esto sucede porque la sociedad, de la que son parte jueces, legisladores y comentaristas misóginos de periódicos inmundos, aún no se han enterado de que las mujeres somos personas y que como personas tenemos deseos y voluntad, también en lo que respecta al sexo. O lo que es lo mismo, las mujeres no somos seres humanos. Nos falta un punto. Para empezar el deseo sexual. 

El sexo no es consentido, es deseado. Si no es deseado deja de ser sexo. Las sentencias de las manadas no solo afectan a los implicados, nos afectan a todos, porque no son solo sentencias, también son mensajes para toda la sociedad. A ellos porque les dice que violar es barato, más barato si se lo hacen a una niña o si te drogan. Y a nosotras… Bueno, supongo que a nosotras intentan decirnos que no salgamos mucho de casa, que mucho ojito con dejar claro que no nos gusta y que seguimos sin ser consideradas seres sexuales. 

La Manada de Manresa, como en principio la de Pamplona ha sido condenada por abuso porque la chica estaba inconsciente. Lo que para las mujeres es claramente un agravante, que aprovechen que no puedes ni decir que no, para la ley hecha por hombres es un atenuante, porque su derecho es metérnosla y nuestro deber es impedirlo o ser considerada una puta. Lo que sintamos o no cuando nos están penetrando queda fuera del debate. En esto se sostiene también el sistema prostitucional, sostenido y fomentado por la pornografía. En esto se sostienen las violaciones en cita, conceptos como la friendzone y los pagafantas, las agresiones sexuales dentro de la pareja y hasta el sexo egoísta y abusivo que practican millones de tíos. Que encima creen que lo hacen bien. 

Porque eso es el machismo, un sistema de creencias. Un sistema de creencias para el que nosotras, en el sexo, somos objetos, no importamos. Porque total, si ni nos gusta. O por lo menos no tanto como a ellos. Ellos, que no pueden resistirse a sus impulsos, que no son capaces de apreciar que no quieres hacerlo, que sucumben ante una minifalda o un burka medio milímetro por encima del tobillo, que no que no pueden ni siquiera evitar cascársela mientras sus colegas violan a una niña medio incosnciente entre seis. Que son capaces de ver jolgorio o de empatizar con el que no hizo nada más que mirar o hacerse una paja. 

Por todo esto también, #NiPutasNiPrincesas

 

 

 

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