Libertad, libertad.

Se le llena a la gente la boca con la palabra “libertad”. En nombre de la libertad, en este mundo en el que parece que todo vale, puedes justificar cualquier cosa. Cualquiera.

Tiene todo el mundo, o debería, el derecho a expresar sus opiniones, aunque sean una mierda. Pero expresarte en alto te coloca en posición de recibir todas las críticas del mundo, de que se rían de ti en tu cara e incluso de que te pidan que te calles la boca, que molestas. Tiene todo el mundo derecho a ignorar lo que otros opinan.

Tienes todo el derecho de hacer lo que te dé la gana, de comportarte como un cafre, de que no te importe nadie, de ir arrasando por la vida. Pero actuar de forma egoísta o desconsiderada te coloca en posición de que te dejen de lado, de que pasen de ti, de que decidan herirte de vuelta.

Tienes todo el derecho de decir lo que quiera que se te pase por la cabeza. De ser un gilipollas integral. Tienes hasta derecho de mentir si te parece o te interesa. Tienes derecho a manipular, proyectar todas tus taras en un libro, provocar desde un blog, escribir cuentos de tarada en el facebook, tuitear mil insidias, vender periódicos plagados de falsedades, ser un insoportable y hasta puedes cometer algún que otro delito. Tienes todo el derecho, o la capacidad al menos y nadie puede impedirlo. Pero no esperes que no tenga consecuencias.

Y sobre todo no digas que lo haces porque eres libre.

No existe libertad sin responsabilidad. Sin responsabilidad es sólo caradura, jeta, morro, individualismo salvaje, falta de consideración, crueldad, desapego, abuso, envidia, venganza…,se me ocurren un montón de adjetivos feos para calificar al que en nombre de su libertad miente, difama, se mofa, tergiversa, hiere a otro o se aprovecha de él o simplemente actúa como si fuera el centro del maldito universo. Son estos los mismos que después se quejan, lloriquean y desprecian o agreden al que decidió también ejercer su derecho de ser libre – y de librarse de ellos, sacar a relucir las mentiras, señalar con el dedo ciertos comportamientos, exigir responsabilidad, defender sus derechos o sencillamente reírse a mandíbula batiente.

La libertad de verdad da miedo, te obliga a hacerte cargo de las consecuencias de tus actos, a tener en cuenta las repercusiones de tus palabras, te obliga a ser consciente, te convierte en esclavo de tu conciencia. Sólo es libre el honesto. Es así. Lo siento por el resto. La libertad cuesta, cuesta ganarla y cuesta practicarla. A la mierda el que se atreva a usar su nombre en vano.

Se le llena la boca a la gente con la palabra “libertad”. Y no saben qué es. No existe libertad sin respeto.

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