Medicina basada en la ¿evidencia?

Podría decirse que los modos del discurso humano se sitúan en una línea recta (o un segmento, mejor) en uno de cuyos extremos está el pensamiento crítico y el argumento lógico y en el otro están los razonamientos basados en la fe o la evidencia anecdótica,  o lo que es lo mismo: el cuñadismo. El cuñadismo no se restringe a las insufribles cenas de navidad en las que tu cuñao asegura que el cambio climático no existe,que Miguel Bosé ha muerto (otra vez) y que Podemos está financiado por el fantasma de Hugo Chávez redivivo (o el de Elvis, dentro del cuñadismo también hay grados), que se lo ha dicho su cuñao. No. El cuñadismo está en todas partes. De hecho, hace ya tiempo que ha llegado a Facebook. Incluso a Twitter. Es aterrador.

cartel VO

 

“Mi cuñada tuvo una cesárea y menos mal porque si no el bebé hubiera muerto”. Los que practican el cuñadismo no suelen conformarse con ser opinólogos de temas de actualidad, que va, ellos practican la Todología. Saben desde porqué sube la prima de riesgo hasta que es mejor un cortecito de nada que un desgarro. Si te descuidas saben hasta del bosón de Higgs. Son unos cracks. Y cuando les llevas la contraria te espetan un “qué exagerada eres, mujer“.  Eso si hay suerte y no te sueltan un “pero ¿tú tienes estudios, piltrafilla?, porque mi cuñao es médico” . Y lo peor es que es cierto, que su cuñado es médico. Ginecólogo o pediatra o neurólogo experto en sueño.

Más sabrán los médicos que tú, sobre todo algunos, que hasta los contratan para hacer anuncios en la tele, dicen los cuñadistas. Y deberían tener razón.

Últimamente tiene la medicina una obsesión absurda por basarse en criterios científicos. “Medicina basada en la evidencia” lo llaman. Una cosa muy loca. La evidencia es eso que puede demostrarse y es cierto que en medicina demostrar cosas más allá de que el apéndice está en el lado derecho de la tripa suele ser difícil. Pero bueno, ellos lo intentan. Estudios randomizados a doble ciego, estudios de clases y de casos, consensos de expertos en la materia…, de un tiempo a esta parte la cosa está complicada, porque parece que para ser médico hay que ser riguroso y basarse en hechos y tal. Terrible.

Terrible porque es terrible intentar dejar a los cuñados sin argumentos. Datos de la OMS en mano puedes pasarte toda la nochevieja (o trescientos mensajes en FaceBook) intentando explicarle a cualquier cuñadista que las episiotomías no hay que hacerlas por rutina, que en España se hacen demasiadas cesáreas o que la lactancia materna está recomendada mínimo hasta los dos años.  Y desesperar. Porque es que su cuñao es médico. Y hace episios cantidad. Por no hablar de que si no fuera por sus cesáreas la tasa de mortalidad neonatal estaría por las nubes. O escribe libros sobre lactancia. Y tú que vas a saber que no tienes estudios, piltrafilla.

Y es que a veces el cuñadismo entra en las consultas, que también hay médicos casados con hermanas de quien sea. Y entonces es la hecatombe. Porque en un país en el que, según la OMS, la mitad de las cesáreas son innecesarias o los pediatras prescriben biberones sin pestañear de esa conocida marca de leche – o de la otra-, cuando se escriben libros relacionando la lactancia con el complejo de Edipo, o es imposible conocer el porcentaje de episios en los hospitales públicos o se llevan a tu recién nacido a una cuna térmica para que coja calor, parece que hay demasiados cuñaos o que la medicina en vez de estar basada en la evidencia está basada en la invidencia.

Porque la característica común de todos los cuñaos es que no hay más ciego que el que no quiere ver. Y hay muchos cuñaos con título. Que ése es el verdadero peligro.

Y ya otro día hablamos de la violencia obstétrica. Y de sus porqués.

 

 

 

 

 

 

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