Por mí y por todas mis compañeras

Las denuncias para la ilegalización del sindicato OTRAS traen de vuelta otra vez el debate sobre la regularización de la prostitución en nuestro país, con todas las falacias y trampas dialécticas a las que el discurso regulacionista nos ha acostumbrado. Entre ellas la de que la ilegalización de un sindicato de prostitutas equivale a impedir que las prostitutas se organicen y mejoren sus condiciones de vida, con el subtexto de que quien se opone a la legalización de este sindicato es una mala persona que pretende que las prostitutas no se organicen y no mejoren sus condiciones de vida, no nos olvidemos que todos los discursos falaces tratan de manipular las emociones del oponente, especialmente la vergüenza, una de las herramientas de manipulación más poderosas. Nadie quiere ser egoísta o poco empático o mala persona, así que acusarte de ello es una de las mejores maneras de cerrarte la boca. O bueno, lo es mientras no te percatas de cómo está funcionando el truco.

Para que quede claro este punto, que el lenguaje nos confunde. Ilegalizar un sindicato de prostitutas no es impedir que las prostitutas se asocien y se organicen para mejorar sus condiciones, es ilegalizar un sindicato porque no cumple con los requisitos para ser un sindicato. Los sindicatos son organizaciones de obreros que se organizan para defender sus derechos frente a la patronal. Permitir un “sindicato” de “trabajadores” (ja) sexuales es legitimar el proxenetismo, porque la patronal aquí son los chulos. Y mira, pues no.

Cada vez que me declaro abolicionista y se me acusa de no escuchar a las prostitutas lo primero que me dan ganas de decir es que a ver si el tema va a ser que estamos escuchando a prostitutas distintas y el problema es que mi interlocutor(a) no está escuchando a las prostitutas a las que yo escucho, pero hoy voy a ir más allá.

Cuando defiendo la abolición de la prostitución no estoy hablando en nombre de las prostitutas, ni estoy pensando en las prostitutas, ni quiero salvar a las prostitutas. Estoy pensando en mí. Y estoy pensando en mis hijas.

Vivimos en una sociedad en la que nacer con vulva te convierte inmediatamente en objeto prostituíble, en el que las relaciones violentas, los abusos sexuales en la infancia, la exclusión social y sobre todo la pobreza femenina e incluso la educación diferencial en valores empuja a muchas mujeres a la prostitución. Un mundo que propicia que las condiciones de desigualdad se mantengan porque la prostitución “libre” no sería jamás capaz de asumir toda la demanda masculina. Un mundo en el que cuando estas condiciones no son suficientes engaña, abusa y secuestra a niñas y a mujeres en países empobrecidos para satisfacer las demandas de los hombres blancos. Un mundo en el que se te amenaza y finalmente se te estigmatiza. Un mundo en el que todo esto sucede porque los hombres se creen con derecho a obtener sexo de mujeres que no quieren tener sexo con ellos. Los hombres, a los que jamás se les pasa por la cabeza la posibilidad de tener que prostituirse para sobrevivir.

Así que no, cuando defiendo la abolición de la prostitución no hablo por las putas. Hablo por mí. Y hablo por mis hijas. Es a mí a quién quiero salvar. Es a mis hijas. Me niego a que vivan en un mundo en el que usar los cuerpos de las mujeres esté legitimado legal y moralmente. Me niego a que se considere justo que sus cuerpos sean mercancías. Me niego a que se dé un solo paso en esta dirección.

Y ahora podéis llamarme egoísta o poco empática. No tengo ningún problema con ello. Y no me da nada de vergüenza.

Hay una cosa clara: sin puteros no hay putas. Sin puteros no hay proxenetas. Sin puteros no hay trata. Ellos son los  únicos responsables de las condiciones de las mujeres a las que prostituyen. Y yo tengo derecho a defenderme.

La prostitución afecta a todas las mujeres, la prostitución es la espada de Damocles que pende sobre todas nuestras cabezas, la amenaza de la prostitución es la herramienta de manipulación a través del miedo y de la vergüenza más efectiva que tiene el patriarcado. La prostitución es patriarcado puro.

Es por mí y por todas mis compañeras. #EsPorTodas.

Que la vergüenza cambie de bando.

En la foto, Amelia Tiganus, ex-prostituta a la que hay que escuchar.

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