Sois unas exageradas

Ahora que ir de macho-man empieza a quedar un poco feo en sociedad, el machismo adopta nuevas formas, se esconde detrás de discursos eruditos y aparentemente lógicos. Hacer un comentario feminista es como abrir una caja de donetes, te salen activistas machistas por todas partes, no importa que estés en Forocoches o en una tertulia sesudísima sobre literatura, ahí están ellos, instrumentalizando hasta la sacrosanta Ciencia para seguir manteniendo sus privilegios.

Soy licenciada en bioquímica y biología molecular y tengo un master en química inorgánica y analítica. Sé lo que es la Ciencia. He trabajado en ciencia. He lidiado con ella y con sus sesgos. Y sobre todo con sus limitaciones. Y aún así no me ha faltado el ultrarracionalista de turno que me hace un mansplaining intentando negar la mayor. Posmachistas, los llama Miguel Lorente. Yo los llamo postontos, ya que ahora todo es pos.

Hace unos meses un idiota me pedía estudios científicos que demostraran una relación causal entre el lenguaje sexista y el techo de cristal. El debate iba sobre mi derecho a que no me gusten los chistes sobre violaciones. Los posescépticos acaban tan imbuidos de su propia estulticia que no comprenden que nada les da derecho a darme permiso moral para sentirme asqueada. Por supuesto nada les da permiso para callarme la boca, que es el objetivo final de tanto despliegue de medios.

Pero vamos al lío.

Demostrar una relación causal entre dos hechos sociológicos es bastante complicadito. Lo que no quita que el sentido común se pueda usar de vez en cuando. Un ejemplo, si tiro un pedrusco al aire la gravedad va a hacer que vuelva al suelo con una aceleración de unos 10 metros por segundo al cuadrado. Si o sí. Gracias, Newton por medirlo por nosotros. Eso sí, si le tiro una piedra a un postonto que le dé o no en toda la cabeza no depende solo de la gravedad, depende también de mi puntería. Y mi puntería es cultural. Medir mis intenciones es difícil, sobre todo si no le doy, pero oye, siempre se me puede preguntar.

Y esto es lo que pasa con la influencia de la cultura en nuestros actos cotidianos, que es difícil de medir.

La controversia en los estudios de influencia de contenidos culturales, audiovisuales o literarios, en el comportamiento de los seres humanos es por tanto, casi inevitable. Medir el porcentaje de influencia es una idiotez. Podemos tirar de sentido común y llegar a una preciosa reducción al absurdo: me encanta cuando los posmachistas eruditos prefieren pensar que el hombre (masculino- masculino) tiene un nivel de conciencia menos depurado que un chimpancé común – la cultura no les influye pa-ra-na-da -, antes que dedicarse a mirarse el ombligo para algo más que para admirar lo precioso que lo tienen. La disonancia cognitiva es fuerte en ti, joven padawan posmachista. Al final las feministas somos las que más respeto tenemos por los tíos.

Y también podemos preguntar.

Me despierto con un extracto del programa de Jordi Évole “Salvados” sobre sexo. Escuchar a las chicas jóvenes relatar cómo follan sus coetáneos produce bastante repugnancia. No ver la influencia que está teniendo el porno el los comportamientos sexuales de las nuevas (y no tan nuevas, que hay mucho yonki por ahí) generaciones es llevar el negacionismo al ridículo. Escépticos pensando como conspiranoicos. Negar la influencia del porno en sucesos como la violación y la sentencia contra La Manada es de un cínico que acojona. Escépticos sin ética. La vida posmoderna nos trae estas aberraciones.

Pero es que además y para los que se excusen en que Évole solo quiere vender resulta que hay gente que pregunta en serio. Y las conclusiones no son más esperanzadoras.

El último estudio, realizado en Nueva Zelanda, un país nada sospechoso de este nuevo pospuritanismo que piensa que la prostitución es explotación y es violencia – allí es legal tener prostíbulos – y publicado el 1 de octubre en www.thelightproject.co.nz concluye cosas como estas:

“The survey of 622 sexual health services, youth workers, schools and families has found increasing genital injuries caused by violent sex inspired by pornography that depicts violence as normal” – La revisión de 622 servicios de salud sexual, trabajadores sociales especializados en jóvenes, escuelas y familias ha encontrado un incremento en las lesiones genitales causadas por sexo violento inspirado en la pornografía que considera la violencia como normal.

Los encuestados refirieron “increased degradation, objectification and disrespect of women and girls; normalising of sexual violence and coercion; a disregard for consent; a devaluing and transactional approach to sex; advanced sexual knowledge for development age; an erosion of mutual pleasure and the normalising of painful sex particularly for women and gay males” – Aumento en la degradación, cosificación y falta de respeto hacia mujeres y niñas, normalización de la violencia sexual y la coerción, indiferencia hacia el consentimiento, una aproximación devaluadora y transaccional al sexo, conocimiento sexual avanzado para la edad de desarrollo, erosión del placer mútuo y normalización del sexo doloroso particularmente para mujeres y hombres homosexuales.

Pero nada. Que sois unas exageradas.

Tu hija va a ver porno y va a normalizar que le hagan daño. Tu hijo va a ver porno y va a hacer daño a sus parejas. Algunas llevamos años diciéndolo. Y nos han llamado de todo. Si quieres encontrar herramientas que te ayuden a educar a tus hijos en el sexo empático, placentero y respetuoso, puedes inscribirte en este webinar.

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