Todo por las madres…pero sin las madres.

Catorce años llevo en esto del “activismo feminista maternal”, como queráis llamarlo. Catorce años que han dado para mucho, aunque a veces parece que han cundido muy poco. Porque aunque me alegra que ya no me miren como si estuviera loca cuando digo que la violencia obstétrica es violencia de género, en concreto violencia sexual, parece que en algunas cosas seguimos igual. Y no nos queda más remedio que repetirnos.

Y es que debió ser por el 2011 cuando aquel político de IU – que no voy a mencionar para no invocarle, pero que era El Político de IU – me bloqueó en twitter por mandarle a leer sobre lactancia en una discusión sobre las bajas de paternidad intransferibles. Y yo ya llevaba 7 años discutiendo sobre el tema. Y me consta que algunas de mis compañeras en esto del activismo feminista maternal, o como queráis llamarlo, llevaban más. Y nada, que seguimos en las mismas.

Con esto lo que quiero decir es que la reivindicación de una baja maternal decente es una reivindicación histórica, que no histérica. Vamos, que llevamos años intentando salir del puesto de “países de Europa en los que las madres tienen menos derechos” y no hay manera. Eso sí, si se aprueban los presupuestos del estado para el 2019 nos vamos a poner en cinco minutos a la cabeza de los “países de Europa en los que los padres tienen más derechos”.  Más o menos volvemos al mismo puesto en el que estábamos en 1979, cuando eran los padres españoles los únicos con derecho a la patria potestad. Las madres, nada, que para eso somos mujeres. No somos más modernos porque no nos da la gana.

Me pregunta una compañera en FB que cómo hacer pedagogía sobre el tema y la verdad, no sé qué responderle, porque creo que no es pedagogía lo que hay que hacer. Catorce años me lo demuestran.

Porque ese es el tema. Una cuestión de poder, como todo.

El pilar fundamental del sistema patriarcal en el que vivimos es la negación y anulación absoluta del poder que se desprende de la maternidad, que somos las mujeres las que tenemos el control sobre la reproducción, que somos las mujeres las que parimos y por tanto debemos ser las mujeres las que decidamos. Todo el tinglado, desde la violencia simbólica hasta la directa, desde la violencia obstétrica, pasando por la violencia económica y hasta llegar a las custodias compartidas impuestas, se ensambla en una estructura que tiene como objetivo debilitar la figura materna. Ah, la autoridad materna, qué miedo debe de dar. Y por eso no se hace casi nada para proteger a las madres. Nunca. O casi nunca.

Así que de vez en cuando unos señores con corbata o sin ella y con buenas intenciones o sin ellas se reúnen en un despacho y deciden que van a mejorar la vida de las madres. Y se inventan protocolos médicos fuera de la evidencia científica que hacen que un tercio de los partos acaben en cesárea. Por ejemplo. O nos explican por qué alquilar nuestros úteros es un acto de libertad extrema. Y así es como nos la han colado con las bajas paternales intransferibles. Y algunas feministas dan palmas con las orejas. Que se lo digan a la valenciana, la de las custodias compartidas impuestas a la que tampoco voy a invocar porque no quiero que aparezca. Todo por las madres, pero sin las madres.

Y aquí seguimos. Negando la mayor.

Y la mayor es que mamá y papá no son iguales. Que, por mucho que los griegos hace 3000 años ya quisieran apropiarse del asunto, poner un espermatozoide no es equiparable a gestar, parir y amamantar a un crío. Y que las bajas maternales decentes, que protegen a las mujeres de tener que elegir entre subsistir ellas o alimentar a su descendencia, no son solo un derecho de los niños – que saben muy bien que mamá y papá no son lo mismo – sino que son sobre todo un derecho de las mujeres, sanitario, económico y moral.

No me entendáis mal.

Sería precioso que los hombres, en general, no solo los padres, desaprendieran eso tan masculino de ir delegando los cuidados – y los autocuidados – a las mujeres de su entorno. De hecho, a estas alturas de la película creo que ya más que precioso es su obligación. Pero, oye, pueden empezar por cuidar a sus madres ancianas, cogerse ellos las reducciones de jornada para cuidar al preadolescente de 12 años o empezar a exigir a sus jefes que las reuniones no acaben a las mil porque tienen que hacer la cena. Y desde luego, nada de networking en el bar de alterne de turno.

Porque es así. Los padres ya tienen los mismos derechos que las madres para el cuidado de los hijos y de los dependientes más allá de justo después de que te quiten los puntos. Y no los usan.

Digo yo que podrían empezar por ahí, que volver a un curro precario, como tenemos la mayoría de las mujeres, con las tetas a reventar y a sacarte leche en el váter no es ningún favor. Y no, el bibe no es equivalente, que destetar prematuramente aumenta el riesgo de cáncer de mama.

Y sí. Estoy convencidísima de que las mujeres tenemos que ocupar los espacios públicos. Sé que se necesita el talento de las mujeres en todos los campos para mejorar el mundo. Me doy cuenta de que la inclusión de mujeres en cátedras universitarias, en investigación y en lugares donde se toman las decisiones es beneficiosa, no solo para las mujeres, para todo.

Pero seamos realistas: la mayoría de las mujeres tenemos trabajos basura, o somos autoempleadas que a veces es parecido. Así se estructura el mundo. Así tiene que estructurarse para mantener el orden de las cosas. Y la baja paternal no va a cambiar el hecho de que las mujeres somos discriminadas laboralmente en todos los ámbitos. La discriminación laboral no se arregla racaneando derechos a las mujeres, se arregla poniendo multas.

O dando una renta básica bien diseñada. Pero ¿sabéis qué pasa? Que cuando las mujeres alcanzan independencia económica se disparan los divorcios. Y eso es una tragedia.

La foto, sin madres. Porque a las madres nunca se nos pregunta.

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One thought on “Todo por las madres…pero sin las madres.”

  • Y es que no hay nada más poderoso que una mujer pariendo, como bien dice la gran matrona Inma Marcos. Y con madres, mujeres, poderosas, se les acaba el chiringuito…

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